October 28, 2013

Los cambios son buenos.



Escribí poquito acerca de los objetivos que me propuse concretar al principio de este año, es verdad que hice una lista mental de cosas por hacer o por completar, entre aquellas prioritarias estaba la decisión de dejar atrás mis relaciones problemáticas para enfocarme en mí, en mis necesidades y mis objetivos. Me prometí pasar más tiempo con mi familia y convivir más con amistades que se habían ido quedando en el camino pero con quienes aún tenía contacto. Me prometí escribir más y publicar aquellas cosas que durante los últimos dos años se fueron quedando en borradores, en hojas de cuaderno, en pedazos de mis agendas... en el olvido. Ya saben, todas las cosas que siempre digo que voy a hacer pero que después de un tiempo, simplemente no consigo hacer.
Pero bueno, sobre todas las cosas, me prometí cortar de tajo con los sentimentalismos y aprender a disfrutar la vida sola, aprender a disfrutar mi soledad y empaparme de ella sin temor. A estar sola conmigo y no tener que estarme escuchando quejarme de mi misma; porque eso hago a veces, tan nefasto como suena, y sé que muchos lo hacen también: sentarse a leerse cartas mentales sobre porqué nadie los quiere o porque todo lo que les pasa es porque están mal. Esas crisis de autoestima que nos dan a la mayoría de las personas incompletas que deambulamos por estos y aquellos alrededores. 

Luego, vinieron las situaciones inesperadas y las prioridades dieron varios vuelcos, las expectativas se estrellaron de frente con la realidad y hubo que sacar el barco a flote con lo que había. Ya lo dije: me fui a vivir sola, me falló el piso de pronto, se murió mi carro, me cambiaron de puesto, etc... Es así, en éstas vueltas que da la vida, se desatan una serie de eventos para nada desafortunados, que hoy por hoy, me han convertido en una persona completamente distinta a aquella que salió de su casa, con el corazón destrozado, la cara golpeada y la promesa de jamás volver a confiar en nadieEs ésta, la verdadera sorpresa que ha traído éste año. 

Hoy tengo una relación fantástica con mi mamá y mi hermana, dónde si bien aún hay cosas que necesitamos resanar, me veo con ellas todos los domingos como mandato divino para comer, nos mandamos mensajes sin falta, nos vemos entre semana para ir al café o al cine, nos iremos de vacaciones de nueva cuenta en Diciembre y sin pena ni pánico, a mi mamá le da por dejarme notas llenas de "mi amor, mi bebe, te quieros" y demás cosas bonitas, cuando antes eso pasaba si acaso en mi cumpleaños y una que otra navidad. Además, por primera vez en mi vida, podemos hablar de cualquier tema sin que haya represalias al respecto, sí, incluso de sexo; aunque la verdad no es el tema favorito de ninguna

Paso los fines de semana entre familia, paso las semanas con amigas en el porche de mi depa, riendonos a carcajadas de cosas que ya no son en realidad importantes, tengo mayor tolerancia a las mala vibra ajena y sonrió segura cuando alguien me hace algún comentario nefasto porqué la vida es muy pinche bonita para estar enojada todo el tiempo. Aprendí a usar mi horario de trabajo como es debido y dejé de trabajar las miles de horas extras no pagadas solamente por amor a una camiseta que ni siquiera es de mi talla. Me dan risa las peleas estúpidas y la mayor parte del día estoy de buenas. Me encanta estar en mi casa y correr en ropa interior por mi minúsculo apartamento al ritmo de la música que se me pegue la gana escuchar. Por primera vez, estoy cuidando mi salud, mi cuerpo, mi alimentación, mis horas de sueño y mi espíritu. Paso el tiempo con quien quiero pasarlo, no me obligo a cosas donde no me siento a gusto y siempre tengo nieve en el congelador por sí un día siento que las cosas se ponen feas, recordarme que hay cosas más buenas que comer que un trago amargo por un mal día.

Hice las paces con el pasado, con la mayor parte de él y por fin, POR FIN, aprendí a aceptar que hay disculpas que JAMAS van a llegar, pero que ya no necesito tanto escuchar, y que eso no me obliga a mí a no darlas. Entendí que no tengo la obligación de ser la misma persona que he sido antes, ni siquiera la que fui ayer; que la vida no se acaba porque alguien no está de acuerdo conmigo y que NO IMPORTA si en el trabajo, en la vida, en la calle, o donde sea, hay alguien que por Dios sepa que, no simpatiza conmigo, sólo hay que sonreír y seguir con lo propio, no hay tiempo para el rencor o la arrogancia. No hay tiempo para esas personas.

Es verdad que haberme venido a vivir sola a representado un golpe bien intenso en mis finanzas y que ya no puedo darme lujos, a veces tampoco puedo salir mucho, porque no sé cuando salga de la recesión económica en la que me escurrí, pero, al mismo tiempo, haberme venido a vivir sola, haber pasado por todos estos cambios y todos estos malos tragos en ese tiempo, en ese momento de mi vida donde apenas empezaba a dar una serie de pasos cuesta arriba en la escalera de mi estabilidad personal, me hizo ver las cosas de maneras totalmente distintas. Crecí cuando creí que me iba a ahogar. Cuando pensé que me quedaría sola, llegaron amigos, conocidos y compañeros, que me tendieron la mano, gente en la que no me apoyé ni lo pedí, que me hizo compañía sin tratar de arreglarme la vida, sólo estuvo aquí, sólo me escuché cuando lo ocupaba; sin ellos, sin ustedes amigos, la carrera hubiese sido más difícil y quiero que sepan que lo agradezco. Que les agradezco todo. A todos de corazón, incluso a aquellos que se quedaron en el camino... 





La libertad tiene un precio, pero lo pago con gusto








Un hombre de balata, un mariachi resignado, un maestro y al mismo tiempo un papá,  el jefe que no quieres pero tienes, mi media naranja cristiana y su media toronja exprimida, el amigo que se fue, a la bailarina, al baterista, a la hermana con otro apellido y su marido de queso oaxaca y finalmente, el tesoro de guayaba, mi favorito.

Gracias.