February 26, 2013

YA ESTUVO BUENO.



Hace mucho tiempo que no me siento a escribir de verdad, o más bien que no me animo a publicar nada, porque pues si me siento aquí y lleno de borradores mi bandeja, pero jamás hago nada con ellos. Trato de mantener mis temas personales al mínimo y de no dar demasiados detalles de nada, ni siquiera de que opino del clima o de que ya me gradué por fin de la pinche universidad. Chistoso, ¿no?, antes podía describir ciertos temas sin pudor o temor, y ahora me siento descubierta o desprotegida simplemente con mencionar que tengo cólicos o que ya no sé si creo en el amor. Ya pues, estoy exagerando, pero es que ya ni profundizar me sale bien. 

No estoy en crisis, o por lo menos no creo estarlo. Son otros factores o circunstancias los que me impiden desinhibir mis palabras en la pantalla de tu monitor. Es chistoso, pero lo que alguna vez me generó satisfacción, hoy en día llegan momentos donde me genera ansiedad. Es muy sencillo de entender, o bueno, por lo menos para mí: Siempre me sentí protegida en el anonimato del internet, ajena y alejada de toda persona conocida que pudiera opinar con respecto a lo que escribo porque por alguna razón, me afecta que la gente que me conozca sepa que en realidad no soy la persona sin chiste ni intereses que deambula por sus vidas. Pero esto se me acabó de repente.

La libertad que me daba el saber que no importaba que pusiera, valía un comino porque era sólo un escape. Era poder soltar todas aquellas palabras atoradas en la garganta, sentimientos apretados en el pecho y corajes enterrados en el lado más obscuro de mi cerebro. Sentarme a vomitar mis frustraciones, describir mis esperanzas o simplemente tener el valor de decirlo a voz clara... No sé, supongo que sólo pocos entienden lo que es haber crecido en un ambiente donde tu manera de ser no empata precisamente en el "método de crianza" aceptado o lo que se siente haber sido educada para callarte la boca ante los problemas. Lo crean o no, el haber tenido un blog público fue la mejor terapia para mis traumas que pude haber tenido, bueno, y sumenle mis últimos trabajos en Gerencia... pero ése no era el punto. Quiero decir que yo me sentía invulnerable aquí. Sentía que no tenía que ponerle sonrisa a nadie y que no tenía que siempre estar de acuerdo con todo. Desafortunada o afortunadamente, aún no lo decido bien, yo no sé como comenzaron a llegar personas que sí me conocían, con opiniones sobre lo que debía y no escribir. Un día recibí una llamada de mi papá (que en paz descanse) diciendome que no debería escribir sobre mis relaciones interpersonales porque se prestaba a malos entendidos. Después un ex que no podía dejar de sentirse la razón omnipresente de todo que fue difamando por entre nuestros conocidos que todo lo que yo hacía era para él. Mi blog pasó de ser conocido por nadie a ser visitado por gente que sólo entraba a ver qué chingados estaba poniendo y a ponerle su color a cada texto, para luego hacer historias de las historias en mis historias. Como el teléfono descompuesto, al final de cuentas, ya nada tenía el sentido original. 

Evidentemente, no me dí cuenta de golpe, fue pasando gradualmente. Y no supe como reaccionar o que hacer al respecto. Me sentí invadida, me sentí acechada. No podía ya poner ni una cita porque ya significaba que probablemente estaba poniéndolo porque vivo de la atención. Luego... claro que no quiero que mi mamá, mis compañeros de trabajo o mis conocidos sepan cómo es mi vida sexual porque soy el tipo de mujer que no habla de eso con nadie. ¿Y todo para qué? Como la canción, nada de lo que sentía o pensaba tenía algún sentido. Como tampoco lo tenía el que hubiese habido gente opinando de un blog, porque pues, ¿PARA QUE ES UN BLOG?

En fin, como pueden notar, era un paradigma bastante arraigado. Incluso llegué a pensar en cerrar Blogger y quedarme sólo con Tumblr, pero después de mucho pensarlo, un par de comentarios bien intencionados de Azul y una conversación bien profunda con alguien a quien respeto en demasía, decidí no hacerlo. Decidí conservarlo y volver a escribir, por que me hace feliz, porque lo hago para mí y porque pues de todas maneras ya van a opinar. Tal vez en cinco años cuando no me den un trabajo porque escribí algo aquí o cuando me harte de que me sigan acosando de otro país, decida algo diferente. Pero mientras tanto, voy a dejarme de estupideces y de penas, que ultimadamente no me van. Crecer y envalentonarme me costó mucho pinche trabajo para que un montón de anónimos y malintencionados lo vengan a arruinar.

Total...





Pero, por si acaso, si eres mi jefe, y estás leyendo esto: no me despidas. 
Gracias.