July 2, 2012

Reflexiones de una canasta de frutas





Yesterday when you were walking
We talked about your mum and dad
What they did that made you happy
What they did that made you sad




Gritos. Insultos. Pleitos. No eres nadie. No sirves para nada. No te necesitamos. ¿Cómo debemos comportarnos los hijos, si los papás nos dicen tantas cosas? Llegamos a culparnos tanto, a cargar con tanta angustia, pero… ustedes como papás, ¿no sienten culpa también? Si nos golpean sin razón alguna o se burlan de nosotros, ¿no piensan que tienen culpa? Son cosas que parecen tan sencillas, eso de ofrecer una simple disculpa sincera, pero no lo hacen. O no lo hicieron en su momento.

Fue cuando la obra de teatro se acabó, el jugar al papel de familia feliz había destrozado todo lo que no éramos, se terminó esa felicidad.
Ya no me necesitaban. Tras el hospital, tras los gritos, ya no volví a saber de mis padres. Se decidió que viviera en casa de familiares cercanos, pero me incomodaba estar en una familia tan unida como ésa. No quería comer con ellos, no quería estar con ellos. Me angustiaba estar en la casa o estar fuera de ella; pero cuando me encerraba en el cuarto, aparecían otra vez ésos enojos, ésas tristezas hacia mi misma y hacia mis papás, ¿qué fue lo que estuvo mal? ¿En qué me equivoqué? ¿Acaso fallé como hija? ¿Realmente era un error el estar aquí?

El día que te vi, con tu sonrisa calmada, con la mirada serena, fue para mí una gran impresión. En ese tiempo yo tenía encima tantas cosas, todo el peso, era como un hechizo imposible de quitar, tanto odio, tanta tristeza… No encontraba la salida, no encontraba la manera de romper con todo aquello, no sabía qué hacer. Pero tú, poco a poco, te adentrabas más, metiéndote como arena entre los bordes de aquéllas paredes inmensas tras las cuales me ocultaba. Me daban ganas de llorar; quería refugiarme en tu regazo, entregarte mi corazón, contarte mis debilidades, cómo una niña que vuelve a casa, quería llegar contigo. Porque sentía que podías recibirme, que podías perdonarme… Pero eso no era justo. Pobre de ti. Eran mis culpas, mis cargas, no tenías porque enredarte con eso.

Ésa noche, no me despedí, sólo traté de correr, de alejarme de ti. De llevar mi tristeza lejos, para que volvieras a sonreír como antes, para que nunca volvieses a sentir que tu vida no valía nada. Perdóname. Porque me apoyé en ti, porque no pude hacerlo sola. Porque lloré en tu regazo. Porque jamás me despedí y porque jamás lo haré. Entiende, no quiero volver a verte llorar. No puedo soportarlo.
Sonríe de nuevo. Todos los días, sonríe por favor.







You were there for summer dreaming
And you gave me what I need
And I hope you find your freedom
For eternity




*Segunda parte de un texto original de N. Takaya.