February 27, 2012

Diez y Seis



You put your arms around me
And I believe that it's easier for you to let me go



Muchas veces, muchas más de las que te imaginas, me he despertado a media noche, con la cabeza empapada en ideas y sin nada de sueño. Escuchando tu respiración calmada, me pongo a analizar el día que pasa y las cosas que vivimos. Te observo mientras duermes y recapitulo. Pienso en donde estoy y hacia donde voy. Tantas cosas pasan por mi cabeza, tantas cosas en un día. ¿Estoy donde debo estar? ¿Qué me hace estar aquí, a estas horas, fuera de casa? ¿qué me lleva a compartir cama y sueño contigo? ¿Porqué tu? ¿Por que no alguien más?

Mis ideas se interrumpen de repente, conforme te observo dormitar. Te ves tan tranquilo, tan sereno. Paso una mano por la maraña de cabello castaño que te cubre parcialmente el rostro, sólo para sentir el brazo serpentear por mi cadera y escuchar el murmullo semi-coherente que sale como suspiro en mi oído. Cierro los ojos de pronto. Dios, qué tonta soy. Qué preguntas tan tontas me hago a media noche, tengo las respuestas dormitando frente de mí.


Seguridad en la voz, en el tacto, en la mirada. Simple y sencillo. Firme, delicado, personal. El calor del abrazo y la magia de un velo con el cual me cubres cada que me acurruco en ése, mi lugar favorito, el huequito que queda entre tu cuerpo y la pared. El equilibrio sobre la cuerda y la red que me rescata, eres tú, con los brazos abiertos, para cuando un pie resbale a una caída inminente. Conforme el piso se acerca, conforme las rodillas me tiemblan... Cada que mi equilibrio se ve perturbado, eres el mensajito parpadeante en una pantallita de celular o ésa llamada que no alcanzo a contestar.



No soy la persona más fácil de tratar. Es cierto.

Soy impulsiva. Terca como cabra vieja y tan densa como una tormenta cuando estoy enojada. Digo lo que pienso y hablo las cosas cuando siento que deben hablarse, aunque mis tiempos no siempre sean los tuyos. Cuido mis minutos como tesoros, pero desparramo los tuyos por el piso para después ponerme a hacer castillos con ellos; los apilo, los destruyo, y luego me molesto porque me reclamas cosas tan simples como mi puntualidad.
Me aferro a mi independencia, a sentir que navego por la vida bajo la bandera de la auto-suficiencia, que no me ato a nadie, que no espero a nadie; por eso me alejo sin razones ni despedidas cuando me siento demasiado involucrada o demasiado expuesta. No espero permisos ni perdones. No doy avisos ni leo mis condiciones. Cambio de música, cambio de ambiente, cambio de amistades... Y te llevo conmigo. Esperando que te amoldes a todos los cambios con la misma facilidad con que lo hago yo. Porque, si yo puedo, tu también... ¿no?

Yo puedo.
Yo quiero.
Yo. Yo. Yo. Yo. Siempre yo.


Pero, correr tanto cansa a la gente. Huir siempre de todo, defenderse siempre de todo, es muy cansado. Luego me siento sola, luego tengo miedo... y lloro. Lloro porque me siento atrapada, porque me siento vacía, porque me canso de ser siempre fuerte, porque no me gusta ser egoísta... lloro hasta el cansancio.

Ahí es donde tu estás. Al final de mi cruzada y al principio de mis crisis. De nuevo, con la paciencia agotada y las ganas cansadas, con la promesa de un te amo quedito y a suspiros, me besas la frente aún con el duelo del coraje a flor de piel. Me recibes, me abrazas, me sanas... Tantas veces. Pierdes la fé en mi, en esto, y de pronto la recuperas. Como la playa, aguantas todas mis embestidas, todas mis tormentas, todos mis pataleos. Estoico, firme, constante. Eres tú.


Por todo lo que recibes y por todo lo que sostienes. Por las grietas que te ha tocado sanar y por los clavos que nunca has terminado de sacar.
De verdad, y por siempre. Gracias.







"You put your arms around me and I'm home"

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