June 25, 2011

Simple, right?



The person who is really great for you, the person who brings out the best in you, your partner in crime? That person is not going to second guess your relationship until it's lost all meaning. That person is not going to rip your heart out of your chest even one time, and he certainly won't do it twice. And that person shouldn't make you an option, because in love you deserve to be a priority.

-Le Love-

June 19, 2011

You know my name, not my story.


El adiós, los pañuelos, las pupilas borrosas de los que
Dejamos lejos, los amigos que nos nombran,
Y son iguales los rezos y el amor de la que sueña
Con el día del regreso. No, no me llames extranjero
Traemos el mismo grito, el mismo cansancio,
Viejo que viene arrastrando el hombre desde
El fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras
Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
Los que roban, los que mienten,
Los que venden nuestros sueños, ellos son
Los que inventaron esta palabra, “Extranjero”







Es fácil cometer el error de creer saberlo todo, es fácil sentirnos con la confianza para hablar de ciertos temas o arremeter contra el molino que consideramos amenazante. El ego nos infla la confianza y nos asegura la victoria, pero, ¿en realidad existe una victoria? ¿En realidad existe una ganancia fantástica al hablar de más? ¿Bajo que bandera nos adornamos, que nos creemos campeones en el ruedo de la vida?

Sólo el que carga el saco, sabe lo que tiene adentro, lo dije alguna vez. Como también dije, que las historias con las que nos vamos atando el alma, pertenecen sólo a nosotros mismos, nadie tiene el derecho ni la libertad de opinar sobre tu propia historia, o criticar lo que has vivido, cómo lo sentiste o porqué lo hiciste, pues nadie viene al mundo experimentado, y nadie ha pisado los mismos lugares que tú, para poder saber a ciencia cierta, lo que se siente o lo que pesan, las circunstancias vividas. Es claro que, bajo una luz distinta, todas las decisiones, todas las acciones, todas las historias, son absurdas. Siempre hay una última mirada al retrovisor antes del accidente, una puerta que estaba frente a tu nariz pero te la pasaste de largo, una palabra amable que decir previo a la muerte, una frase que no debiste decir pero que se te escapo de los labios, ó, la clásica y mi favorita, una disculpa que ofrecer antes de la explosión de emociones... Siempre hay algo, que pasamos desapercibido en el momento cumbre, que es evidente para quien nos observa a una distancia segura. Sin embargo, hay que recordar, que quien tiene los ojos en el toro, es lo único que puede ver en ese momento.

Es por eso que yo pregunto, ¿qué derecho divino, creen poseer aquellos que juzgan sin conocer? ¿los que hablan por hablar, los que se quejan sin saber, acaso han sido nombrados por el universo, como inquisidores de aquellos a quienes consideran "menos afortunados"? Ahora, en realidad, ¿en qué consiste el ser menos afortunado? ¿Acaso podemos comparar felicidades? ¿Es fácil poder sentir que uno es más dichoso que otro? ¿Lo es en realidad? Parte de la frase, 'sólo el que carga el saco, sabe lo que tiene', es precisamente eso: Las dichas o las tragedias, se miden con la regla de quien las vive. No hay nadie más desafortunado que otro, solamente hay circunstancias DISTINTAS. Claro que, por mencionar un ejemplo, yo podría decir que soy mayormente afortunada que quien no tiene un techo donde vivir, pero, ése alguien a su vez, pudiera argumentar que, a diferencia de mi, no tiene que trabajar un turno completo, no tiene que estudiar una carrera, o que básicamente, no tiene que cumplir con una serie de requisitos que para mí son esenciales porque pues, sencillamente, no están dentro de su lista de prioridades. Esta diferencia en las prioridades, a mí y a muchos otros, nos puede parecer por demás irracional, pero, y este es el gran 'pero' en el que anido todo mi punto, ¿yo que sé de lo que esta persona sabe, siente o conoce? ¿Cómo lo puedo juzgar, si durante su vida, él o ella, no conocieron otra forma de vida? Por lo que obviamente, no entienden la importancia que yo como persona distinta, le asigno a la vivienda digna ó a la educación. Antes de que arremetas contra mi argumento, entiende, no estoy defendiendo el analfabetismo, es un simple ejemplo, baja las antorchas por favor. Gracias.


Es por todo lo anterior, por todas éstas preguntas, por todas las variantes que existen en la historia de cada quien, que me repugnan las personas que a primera instancia juzgan sin saber o sin preocuparse por intentar entender el contexto de las situaciones antes de hablar; sin embargo, no arremeto contra ellas e incluso, trato de entenderlas, porqué, en algún punto, yo también fui ignorante, y en muchos otros, aún lo soy. Volvemos a, nadie nace sabiéndolo todo. Mucho menos yo.

Lo que si no puedo soportar, y no puedo condonar, es que, a sabiendas de mi manera pensar y de mi manera de sentir en éste aspecto tan delicado, y que, a pesar de que se te dieron uno o dos, incluso cuatro o seis avisos previos, arremetas sin pe ni pa contra mis situaciones personales, en particular, mi familia. Porque, te hago las mismas preguntas a ti, que me hago yo misma cuando pienso en hablar de la vida o el contexto de un tercero, ¿con qué derecho juzgas la vida de otros, si la tuya no es el mejor ejemplo, de familia modelo? ¿Con qué derecho, apuntas tu dedo y te ensañas con la personalidad o la manera de ser de alguien más, si tu mismo padeces enfermedades de cuerpo y espíritu? No te equivoques, nadie tiene el derecho de juzgar a nadie más, pues en realidad, no hay nadie más completo ni menos dañado que otro. A todos nos duelen o nos cuelgan cosas, pero eso es parte de la mágica palabra llamada 'experiencia', que, viene de la mano, con aquella otra que llamamos 'madurar'.

Si bien, algo que hay que dejar en claro, es que las situaciones personales no siempre son elección de uno ni consecuencia propia, muchas veces, en especial en el caso de los hijos, las consecuencias de las acciones de los padres, recaen fría y pesadamente en las espaldas de sus infantes y, durante mucho tiempo, pueden llegar a marcar una diferencia considerable en el desarrollo de los mismos. Muchas veces, éstas circunstancias ponen en tela de juicio, el carácter y la esencia misma de la persona, aunque creo que, no tengo que decírtelo a ti, pues lo viviste en carne propia y lo sigues viviendo aún. Por esto, te vuelvo a decir, no te equivoques, porque no puedes saber, si, estando en el mismo lugar, no habrías hecho lo mismo o peor que aquellos a quienes juzgas o críticas. Insisto, no estoy insinuando con todo esto, que no hay acciones malas o reprochables, simplemente trato de decir, que cada uno es consciente, o por lo menos, debe serlo, sobre las consecuencias de sus acciones y el peso que conlleva esto en la dinámica de cada uno.

Es sólo que a veces, somos muy fríos al momento de querer analizar algo, que no vemos o no sentimos el golpe que significan nuestras palabras, en los oídos de quien hablamos. Es por eso, que siempre insisto en que hay que saber qué decir y porqué decirlo, que hay que pensar las cosas antes de hablar. A mi me duele, como no puedo explicar, cuando alguien habla de mi dinámica familiar, porque nadie sabe lo que se siente, lo que siento, lo que pienso o lo mucho que me pesa, más que yo misma. Por ello, predico con el ejemplo.

Te pido por favor, que dejes de tomar esto, como una excusa o como un arranque, y entiendas que, después de repetir veinte veces lo mismo, después de explicarte lo que se siente, y más aún, estando en la delicada situación en la que estoy y esta toda mi familia en este momento, me parece lo peor, que arremetas contra ella y contra mí, sin haber necesidad ni ser el momento ni las circunstancias. Me dolió en el corazón, que dijeras, que hablaras, que hicieras todo lo que hiciste, a sabiendas de que no estoy en el mejor de mis momentos. Que juzgaras algo, cuando tu mismo haz hecho y has dicho cosas que todos los demás podrían juzgar, y que, aún así, yo no lo hice. Es por ello que, hoy por hoy, te digo adiós. Y, como comentario final, te digo que para juzgar hay que saber, y para saber hay que vivir.








No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
Y veras que soy un hombre, no puedo ser extranjero