May 12, 2010

Yo soy yo, y mis circunstancias...

If I told you a secret,
You won't tell a soul,
Will you hold it and keep it alive






¿Quien soy yo?
Suelo preguntarme eso a veces mientras divago en aquello que me hace ser quien soy, mientras intento descifrar que es lo que me define como ser humano, como persona, como mujer y como Pancake. Tengo que considerar que cada detalle es de vital importancia para definirme, pues son estos la esencia misma de mi persona. Son esas pequeñas insignificancias tan significantes las que marcan la diferencia entre quien soy yo frente a las demás personas; pues todos tenemos historias que nos llenan de fragmentos, que van construyendo cadenas de reacción, comúnmente conocidas como causa y efecto, donde un evento fortuito nos lleva a desarrollar ciertas características de personalidad o ciertos rasgos que tal vez de otra manera no hubiésemos necesitado. Este evento a su vez, nos encamina hacia otro punto, convirtiéndose de esta manera, en una cadena infinita. La gente afirma que los tiempos cambian, yo pienso que somos las personas las que cambiamos con el tiempo. El tiempo siempre es el mismo, el presente; pues el ayer se ha ido y es ahora tan sólo una evocación de la memoria, mientras que el mañana es incierto, algo intangible e imposible de moldear de acuerdo a nuestros sueños, pues cuando llega el mañana, ya es hoy, se ha convertido en el presente, en la realidad que vives. Pero las personas somos graciosas al punto de complicadas, a pesar de que el ayer ya no existe, nosotros cargamos con aquellos pesos del pasado, los hombros siguen tensos por aquellas confrontaciones idas y son esas las cicatrices que mas tardan en desaparecer, las que dejan los sucesos del ayer. Porque las circunstancias nos llevaron a los límites de nuestra persona, nos arrojaron al vórtice infinito de la desesperación o al amarillo camino de la felicidad. Es entonces que nos damos cuenta de nuestra verdadera naturaleza, cuando expuestos ante ciertas situaciones de desesperación, reaccionamos instintivamente, marcando de esta manera, lo que somos y lo que seremos. Pues ése aprendizaje, ése cambio de conducta o ésa mala decisión, vendrá de nuevo de vez en vez a recordarte que las cosas no siempre salen como debieran, que las decisiones se toman tras pensarse muchas veces, tras analizar a fondo que es lo que en verdad ansías para el futuro. Porque repito, las personas somos graciosas y el pasado en realidad, pocas veces desaparece.


Mi pasado es un espejo, que refleja aquello que fui alguna vez así como aquello que no quiero ser de nuevo. Esa persona temerosa, que por ataduras superficiales y miedo a lo desconocido, escogió perder aquello que había anhelado; que permitió que otros tomaran parte en una decisión personal, que inutilizó su propia voz, callándola bajo los murmullos de otros. Aquella mujer que cerró la única puerta que espero sentada para abrir, esa que apagó una estrella por mantener una lámpara encendida. Porque mi momento de temor llegó; porque mis rodillas se doblaron, flaqueando bajo mi peso y es ahora cuando me cuesta trabajo levantarme tras la caída; pues cada vez pesan más los hombros y son menos las ganas, el desencanto que ahonda en las entrañas de mi persona es producto de esa misma caída, donde mi templo cayó sin aquellos pilares que sostuvieran su cúpula resquebrajada. Hace más de un año de tu partida, aquella donde mis labios mudos guardaron el adiós que no te dije. No permití el paso a la congoja ni bajé la cabeza; caminé hacia al frente, puse mi mejor sonrisa frente a los ojos conocidos y continúe con la marcha. Enterrando cualquier rastro de dolencia en lo más profundo de mi corazón; me prometí que no permitiría que las lágrimas se asomaran por las ventanas de mi rostro. La constante rutina del día a día mantuvo mi corazón apagado, mientras mi mente se distanciaba de todo, ocupándose en atender pormenores diarios, extinguí cualquier llama de remembranza mediante el más simple de los distractores, la calle. Sin embargo, la penumbra en la que me hundía era tal, que poco a poco, mis ojos se fueron gastando de tratar de ver entre las sombras, mis risas cada vez más forzadas evocaban a cada momento la razón de su vacío.
Entonces levanté mi vista cansada y busqué aquellos pilares, busqué con la mano a tientas donde sostener mi peso pero no encontré entre la opacidad ningún soporte. Fue cuando la burbuja se rompió, sentí las olas de impotencia en mis hombros y el coraje en mis entrañas. Las arenas movedizas bajo mis pies fragmentaron la delgada parsimonia con que bordeaba mi persona. Como una presa que se derrumba, mi corazón se inundo de tristeza, ya no pude contener los ríos que fluían desde mis ojos. Perdí el control de mi misma y caí bajo la espiral, descendiendo tan rápido, tan lento; sofocándome con mi propio vómito, fui perdiendo el sentido de las cosas hasta llegar al punto donde ya no me reconocía ni yo, ni los demás. Me descubrí una mañana viendo un reflejo que no reconocía, una persona extraña que me miraba en el espejo, más cansada y raída; cuyos ojos apagados no destilaban otra cosa más que sopor, con una sonrisa inexistente en un rostro carcomido. Por unos breves instantes, contemplé en mí la imagen del abatimiento, de la desesperación; tracé con la mirada los bordes de aquella figura ahíta de batallar constantemente consigo misma y con un mundo que dictaba un patrón de conducta que no estaba dispuesta a seguir.


Salí a la calle esa tarde, a buscar razones por las que pasan las cosas, a entender que lleva a las personas al límite de esa manera, que es lo que provoca esas decisiones repentinas y ese caos interno, una falta completa de conciencia serena que dicte la manera de reaccionar. A intentar comprender que provoca esa marcada distancia entre las personas que uno considera pilares en los cuales mantiene su cielo. Que provoca que el suelo donde te sostienes se agriete y te derrumbes con él, cayendo peldaño tras peldaño, un paso más cerca del fin.


La vereda hacia el descubrimiento fue sinuosa y llena de encrucijadas, cada camino que escogía parecía llevarme a un lugar totalmente distinto de aquel a donde ansiaba llegar. En los obstáculos que salían al camino, me sentía a veces más pequeña, imposibilitada de escalar los muros y saltar las vallas; otras sentía que no había razón para temer, pues cada golpe que me diera, podría soportarlo. Tras una larga caída, tras una larga búsqueda; me di cuenta que las respuestas jamás llegarían, que las cosas, que las personas son impredecibles; como la marea van y vienen con el constante vaivén del mundo.
Pero como todo, las respuestas llegaron demasiado tarde; el aprendizaje se dio tras la caída y la fuerza para levantarme llegó cuando la cúpula ya había caído. Ahora me levanto y veo el templo destruido, mis ventanales rotos y aquél altar dorado hecho añicos. Y hoy es un año, un largo año desde aquel triste martes donde tu luz se apagó. Hoy mi corazón llora por el tuyo, un corazón que no había latido lo suficiente y se detuvo. Decidí buscar maneras para dejar atrás aquella angustia, para expiar mis pecados mediante obras que llenaran mi espíritu y en afán de lograrlo, partí al único lugar que puede calmar mi corazón sin importar las circunstancias ni las penas. Viajé por varias horas hasta llegar a la playa, al estar frente a ella dejé que mis rodillas se doblasen y que mi cuerpo cayera rendido en la arena, como caen los troncos viejos. El mar, imponente y azul, abrió su corazón al mío y me dejó ahogar mis penas en sus aguas. La canción que llevo dentro, la triste melodía del desencanto y del dolor, sonaba cada vez más bajo, conforme las olas iban y venían. Las ganas de dejarme caer de nuevo, el impulso enardecido de gritar, de golpear la tierra mientras estallo en llanto y maldigo al cielo por darme un corazón que siente... desaparecieron por ese largo instante, en el que me senté a contemplar el mar.


Yo quiero ser como la arena y como el agua; nunca son la misma... quiero amoldarme a las situaciones que me pone la vida de la misma manera que ellas lo hacen a las plantas de mis pies. Las circunstancias definen como reaccionaremos, pero son nuestras acciones las que definen quienes somos. Esta experiencia trajo tras ella una gama de situaciones distintas, donde mi temple y mi espíritu fueron quebrándose poco a poco. Pero hoy levanto la mirada de nuevo, hoy analizo esas circunstancias y decido no caer de nuevo bajo los mismos pesos ni permitir que mi voz se apague bajo la de nadie más. Entiendo ya que ésa imagen que vi en el reflejo es aquello que no quiero volver a ver, es lo que no me puedo permitir. Porque es sinónimo de alguien que se ha rendido, por que es la representación viva de alguien que no espera nada del mundo, y yo espero muchas cosas. Por eso hoy decido volver a ser una gama de colores, y no una dualidad en blanco y negro; porque las cicatrices dejarán marca, pero siempre servirán como recordatorio de que mis piernas volvieron a caminar, después de haberse dado por vencidas. Que los colores no se apagan nunca, ni en la obscuridad. Y que yo soy mejor que mis circunstancias, cualesquiera que sean estas.





Cause it's burning a hole,
And I can't get to sleep,

And I can't live alone in this lie.
Love Will Come Through - Travis



'Yo soy yo, y mis circunstancias", Ortega y Gasset.


Esto fue mi ensayo final, para mi clase de Lectura y Redacción. Sobra decirlo, que me fue muy bien.

1 comment:

Tristan Silenoz said...
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