September 10, 2010

Péndulo.

Una vez, no hace mucho, salí para reencontrarme con una amiga en el café al que me gusta ir, ése mismo donde se hizo el cráter en la tierra tragándose un carro que circulaba incauto bajo la lluvia. Sobra decirlo, con los lagos entre las calles, mi carro que nunca llegó y la distancia, acabé llegando tarde, como siempre; preocupada de que se hubiera ido o que estuviera por hacerlo, me bajé corriendo del carro, no sin antes agradecerle a una amiga por irme a aventar hasta allá y me metí despavorida al café. Entrando, me recibió ella con una sonrisa al tiempo que la descubría oculta tras una mampara con su siempre fiel Macbook en la mesita. Tras el abrazo vino el gritillo de "wu-juu" por vernos y de la nada, la veo que saca de entre sus tiliches un regalo que, debo decirlo, esta precioso: es un cuadernito hand-made con sus respectivas plumas con tintas de colores. De ahí, lo que iba a ser una tarde de plática se convirtió en toda una madrugada de risas, de lagrimitas apretadas, de confesiones ya sabidas y de anécdotas no tan olvidadas. Me sentí mal porque no llevé ningún regalo, y sigo pensando en que le daré la próxima vez que la vea, que espero sea realmente pronto, porque, tengo que decirlo, la extraño un chingo.

Amiga, sé que tal vez no leas esto pronto, pero, quisiera decirte que hoy te necesito muchísimo. Hay piedras que no creí volver a tener en los bolsillos y cuyo peso me cansa al caminar; situaciones que se repiten y me sofocan. Si tienes oportunidad, te pido que me dejes ahora a mi invitarte un café. Que buena falta nos hace.

Te extraño.