August 31, 2009

Start your engines...



Ando por un camino sin retornos ni desviaciones.
Sin poder dar la vuelta, sólo me queda avanzar con el cambio de luz.


"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
Joaquín Sabina - Donde habita el olvido

August 30, 2009

Under the umbrella...


Me gusta la lluvia cuando refresca y enjuaga, cuando es fuerza de cambio. Cuando me puedo sentar bajo ella y ver el cielo nublado con los ojos entrecerrados por el constante golpeteo de las gotas en mi rostro. Cuando bailo bajo ella, sintiendo el jardín húmedo bajo mis pies descalzos, inundado el ambiente del aroma a hierba mojada. Cuando cae en noches frías, y la veo escurrir por el cristal de mi ventana, sintiendo la fría superficie en la punta de mis dedos.

Sin embargo, la odio cuando sale de mis ojos y moja mi rostro sin misericordia; cuando viene y altera mi parsimonia mental, cuando se escurre por mis mejillas, silenciosa pero continua...

Soy bien nena.
Me cae.

August 19, 2009

El viaje a las estrellas


Me preguntas que si te quiero.

Claro que te quiero, te quiero aquí y ahora. Te quiero mañana en mi cama cuando despierte, con tus labios todavía secos de los besos que te arranqué la noche anterior, te quiero en las tardes en la puerta de mi casa, sonriendo al verme llegar asoleado y sediento. Te quiero en las noches cuando no tengo sueño, y las ideas se arremolinan en mi cabeza, en las madrugadas largas cuando el alba se asoma por la ventana. En todas partes. A todas horas.

Pero ahorita, en este momento, te quiero en medio de…

Un hotel en la playa, mientras estamos en el elevador con una botella de licor en la mano, ya un poco pasados en copas, y estar ahí en el elevador esperando subir. Quiero no poder aguantarme ya más y besarte contra la ventanota del elevador, mientras lo escuchó como cruje al subir, y saber que tardará mucho porque es muy viejo y le tomará llegar hasta nuestro piso que es el último
Quiero besarte, bajar por tu cuello, por tu pecho y pasar por tu ombligo, besar tu delgada cintura. Mucho, cada vez más lento, mientras mis manos dibujan el relieve bajo tu espalda. Quiero morder botones en tu pantalón y que no me pegues en la mano y me digas que no. Besarte los muslos y llegar ahí… y probarte. Que te den escalofríos y no puedas tener los ojos abiertos, sentir que agarras mi cabello y me jalas hacia ti. Probarte más y más, que mis manos te tomen de la cintura, te tomen de los muslos, ponerte contra la pared del elevador y ahora sí, coloquialmente dicho, meterme en tus pantalones.
Quiero oírte respirar cortado, sentirte morderme el cuello y morderte el tuyo. Abrazarme de ti, querer que no te sueltes, sentir que mis dedos se cruzan en tu espalda, que bajen a tu cintura y que te sientas cálida al tacto. Quiero estar adentro de ti, que me mires a los ojos mientras te meces contra mí y tus manos me agarren mis manos y me aprieten. Tocarte la espalda y recorrerte por los hombros al cuello, detrás de tus orejas, bajar a tu pecho y sentir entre las manos, entre mis dedos, tu piel. Sentir como tus pezones rosados se levantan, ponerlos en mi boca y que mis manos vayan a recorrer tu espalda de nuevo tus ojos cerrados, sentir como tu piel se eriza y tu cuerpo entero se arquea y se mece contra mí. Haciendo que me corra electricidad en la espalda y que me prenda cada vez más. Sentir entre tus piernas el calor y lo tensa y luego suave, que empieces a sentirte húmeda y que con cada toque se te cierren los ojos y te muerdas el labio.
Quiero que me mires y me jales hacia ti, que tu cintura se pegue a mí, que poquito a poquito entre a ti y se sienta como poco a poco, me abrazas por dentro y por fuera. Escuchar que la respiración se vuelve errática, que me respiras fuerte en el oído, que me abrazas y que los dedos se entrecruzan en mi espalda. Que me muerdas cuando me beses y que me rasguñes la espalda.

Porque me haces sentir que sientes tanto y me haces sentir tanto.
Mirarte mientras haces el amor, esa mirada que tienes, decidida y feroz, pero al mismo tiempo dulce y amorosa. Y cada vez que te deslizas en el abrazo y te reacomodas o te empujas, que te deslizas sobre mí, cuando tu cintura se contorsiona y choca con mi cintura…
Siento que el cuerpo ya no puede aguantar, que me recorre calor abajo de la piel, por todo el cuerpo, me quema por dentro.

Sentir que eres deseo, que eres pasión. Sentir tu ritmo, sentir que fluyes en mis brazos, que te contoneas y te frotas contra mí; sentir que aumentas la velocidad y te acomodas de manera que sientas más. Sentirte entera, desnuda en mi cama…


Es lo que quiero.

Todos los días, de hoy hasta que mi podrido y viejo cuerpo sea alimento de gusanos. De aquí hasta las estrellas, todas las que haces que vea cuando te tengo desnuda.

August 15, 2009


La realidad es un síntoma de la falta de sueños.

August 12, 2009

Gracias

A veces me gana la nostalgia, entonces escribo con el corazón apretado, con las lagrimitas asomándose en mis ojos necios a no chillar.
Pero, pasa algo gracioso; siempre que caigo por la espiral de la tristeza, siempre que tengo el corazón apachurrado y los animo en el piso, el mundo me da motivos para sonreír.

Hoy temprano, cuando iba al trabajo, venía todavía divagando entre las razones que hacen que se apriete mi corazón cuando lo vi pasar por una calle donde hacía un alto, iba empujando su carrito a un costado de la calle con su perrito como única compañía.
A todo mundo parecía no importarle el señor, tal vez a mi tampoco me hubiera importado de no ser por la sensación que me provoca verlo. Por que no es la primera vez que lo veo.

Hace unos ayeres, en uno de los últimos días que compartimos, lo vi pasar afuera del café donde estábamos sentados. Yo no paraba de llorar y tu estabas entre furioso y deprimido, no me mirabas a los ojos ni yo a ti. Miraba por la ventana hacia la calle, el café esta en un segundo piso, lo que me permitía ver a las personas que pasaban. Pensaba en como todos viven sumidos en sus cosas, en como cada persona es un mundo y cada mundo con su caos. Me preguntaba cuanta gente habría afuera, sintiéndose como me sentía yo en ese momento. Como todo valía madres porque las personas eramos descuidadas con lo que queríamos, porque olvidábamos las cosas que eran de verdad importantes.

Y en eso, vi pasar al señor.
Se me hizo bien bonito, ver como venia feliz empujando su carrito con la perrita encima, él y ella platicando felices, absortos en sus cosas y su mundito feliz, y yo ahí llorando cual magdalena y el mundo... ardiendo de gente que es infeliz con lo que tiene.
Se me hizo tan surrealista que me puso feliz, sonreí y me reí despacito. Tu preguntaste de que me reía y solo le dije,"Mira" y apunté a la calle.
Cuando te asomaste por la ventana, lo notaste de inmediato, se te dibujó la sonrisa y tu ánimo también se calmó.

Y ayer que iba al trabajo lo vi pasar, después de pensarla poquito, me dí la vuelta y regresé. Me baje del carro y le pedí permiso para tomarle una foto a el y a su perrita.
Le expliqué porque era importante para mi tomarle una foto.
Y le dí las gracias.
Por hacerme feliz, cuando todo estaba valiendo madre, y por recordarme que debe uno ser feliz con lo que la vida nos da para trabajar.

Me sonrió a mi y a la cámara, me dejó tomarle la foto, dijo de nada, y se fue.
Tal vez para muchos él sea un don nadie, pero para mi es una sonrisa con carrito. Para mi ya es alguien importante, yo espero que ese señor siempre sea igual de feliz que en la foto, yo espero que siempre sonría como lo hizo hoy para mí.
No importa cuantas veces vea la foto, siempre vuelvo a sonreír.
Por cierto, te mandó saludos.


Photobucket



"Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad.".
Antoine de Saint-Exupéry


August 10, 2009

Tiempo inexistente




La interminable lista de los
hubieras.

Si no te hubiera conocido.
Si hubiera sido en otro tiempo, en otras circunstancias, en otras fechas, en otra vida...
Si hubiera sabido manejar mejor las situaciones.
Si hubiera sabido dominar a los demonios.

Si hubiera...

Diario me repito a mi misma que el hubiera no existe, que es un tiempo imperfecto e inexistente inventado por gente frustrada que no puede (o no quiere) aceptar su realidad; pero lo cierto es que existe, en las profundidades de mi acabado cerebro yacen centenares de hubieras y habrías, dejando tras de ellos interminables cadenas de pensamiento, que sólo llevan a hacerme sentir como me siento ahorita.

Frustrada.
Cansada.
Perdida.

A veces me harto tanto, a veces quiero encontrar el botón de reinicio de mi cerebro o apagarlo y donar mis órganos a la ciencia, esperando que sirvan a personas con mejores propósitos y destinos que el que yo misma fui trazando para mí. Es entonces cuando llegan los hubieras y las preguntas, cuando analizo las variantes y trato de entender las circunstancias.


Pienso en los tiempos y las situaciones que separaron nuestras vidas durante años, en como todo nos lleva a ese momento preciso, ese 24 de Diciembre, donde te tendí la mano sin conocerte, y la aceptaste sin conocerme. Sentados en ese escaloncito, dos extraños se sentaron a hablar de sueños frustrados y esperanzas apagadas, de mejores días y mejores mundos.

Hay momentos donde siento como si tuviera una vida contigo, donde pareciera que ya nos conocíamos desde siempre, que ya te había visto alguna vez, que ya me gustabas desde antes... a pesar de que eso es imposible.


Llegaste al mundo años antes que yo, diste tus primeros pasos cuando yo apenas era un sueño indescifrable de mis padres, una idea en el subconsciente de mi mamá, quien apenas tocaba los veinte años. Recorriste calles en tu juventud que yo vendría a recorrer años más tarde, cuando llegué al mundo, ocho años después.
Por tiempos, por situaciones y por edades, no nos conocimos hasta esa noche donde nos sentamos a platicar, sin nada que perder. Especialmente por que el año en que llegué a vivir aquí, fue el año en que tú te fuiste.

Viví una vida de nómada, cambiando de ciudad cada dos años o más, intentando seguirle los pasos a un padre ambicioso, cuyas frustraciones personales y profesionales lo llevaban a siempre vivir insatisfecho. Tú mientras, pasaste la mayor parte de tu vida aquí, hasta que huiste de ésta, la pequeña urbe provinciana donde nos conocimos. Te fuiste a estudiar carrera a Monterrey y allá hiciste tu vida; terminaste carrera, compraste tu casa, te enamoraste, tuviste decepciones y conociste tristezas.

Yo en esos entonces apenas estaba aprendiendo de la pre-adolescencia, descubriéndome a mi misma y al mundo exterior atraves de los ojos de la niña imberbe que jugaba a ser adulta; finalmente establecida en una ciudad fija, que irónicamente vino a ser ésta, la que mi señor padre odio toda su vida.

Las situaciones cambiaron y de un día para otro, nuestras vidas también.
Volviste al valle del algodón, resentido con las situaciones y las personas que te trajeron de vuelta a base de tragedias y dramas. El barco familiar que amenazaba con irse a pique llamó a tu puerta inesperadamente, demandando todas las manos posibles para trabajar amarras y timones que ya no daban para más en la tormenta que venía. Abandonaste la vida que tenías para recluirte en tu rutina diaria de trabajo, siendo el workaholic que eres, ahogaste todos tus corajes tirandote al trabajo, porque como tu mismo dijiste, es lo único que sabes hacer cuando todo sale mal.

Mi vida también dio muchos giros, me salí de casa, volví, trabajé aquí y allá; entre a la universidad, dramas familiares y ex-novios psicópatas, cada día era un circo nuevo.

Y de pronto, entre las mil casualidades, coincidencias, habrías y hubieras, ahí estabas tú.

Entraste a mi vida para quedarte, convertiste fines de semana en días festivos, en rituales de películas y alcohol, en espirales de comida casera mezclados con eternidades de simplemente contar las manchitas del techo sobre tu cama. Descubrimos memorias juntos que no sabíamos que existían, encontramos coincidencias y detalles que nadie sino tu y yo entenderíamos; me hiciste creer en eternidades, en momentos mágicos y finalmente, en que los hubieras son sólo producto de gente insatisfecha. Que sólo existe hoy y lo que hacemos con él.



Llenándome la mente con hubieras me pregunto que sería de mi si no me hubiera detenido ese día para tenderte la mano; si hubiera seguido de paso, si te hubiera ignorado... Y es hoy cuando me pregunto, ¿que hubiera pasado conmigo si no te hubiera topado, ese 24 de Diciembre? ¿Dónde estaríamos ahora... si no hubieses muerto?

Lo único que he creído en la vida es que nacimos para conocernos, me tomo años encontrarte y reconocerte entre los millones de rostros que habitan el planeta; y en una mala broma de la vida, te perdí.

Hoy vivo ahogada en esas memorias compartidas, emborrachádome diariamente con los dulces toques de un pasado intacto y exquisito. Dándome cuenta que con cada vida que vivo, con cada nueva identidad que tomo en el mundo, sigo naciendo y viviendo sólo para volverte a encontrar, sólo para ver el amanecer de nuevo contigo una vez más. Efímera como es la vida, hace de los instantes contigo una eternidad.

Ahora debo esperar mi turno de partir, para volver a nacer y volver a buscarte.

Porque nací para hacerlo.



Somos hijos de mundos distintos de misma memoria...